La Asociación de Amigos de la Casta Navarra es una entidad sin ánimo de lucro que promueve todo tipo de actividades encaminadas a potenciar la raza de ganado bravo denominada "Casta Navarra", su conservación en el ámbito de las ganaderías de reses bravas y un mayor conocimiento de la misma por parte de los aficionados.

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VERANO DE VACAS
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Artículo publicado por D. ANTONIO PURROY UNANUA, Catedrático de Producción Animal de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Pública de Navarra y que nos ha cedido gentilmente para su publicación en la web de "AMICASNA".
El Autor es, además, un excelente aficionado a la Fiesta Brava y colabora activamente en la recuperación y promoción de la Casta Navarra.


VERANO DE VACAS


 


Este verano está siendo especialmente complicado con los encierros y la suelta de vacas en los pueblos de la Ribera de Navarra: golpes, cornadas, muertes… Aunque no seamos del todo conscientes este tipo de festejos populares están teniendo cada vez más adeptos, no tanto en el recorrido por las calles y en el ruedo de las plazas, como entre los espectadores que disfrutan con la emoción del espectáculo. Las vacas son cada vez más bravas, están mejor alimentadas, mejor cuidadas y tienen más fuerza y poder. La obligación de los ganaderos es la de criar animales que respondan con prontitud a los estímulos, que creen espectáculo y que lleven emoción a los fiestas de los pueblos. Por eso los Ayuntamientos dedican una parte importante de sus presupuestos de fiestas para las vacas. Saben que, sin vacas, no serían posibles las fiestas.


 


            A menudo se olvida que el ganado bravo está hecho para atacar, para embestir sin descanso, para no volver la cara. Este ganado de la tierra es heredero directo de uno de los siete encastes fundacionales del ganado de Lidia: la Casta Navarra. Animales de este encaste llegaron a ser, a finales del siglo XIX, la base ganadera de muchas ferias importantes. Eran tan fieros y combativos que figuras de la tauromaquia de aquella época, como el celebre Guerrita, decía que “preferían los zarpazos de los tigres de Veragua a los picotazos de los toricos navarros”. Dicen que el toro “Llavero” de Carriquiri, indultado en Zaragoza en 1.860 (tomó 53 varas y despenó a 14 jamelgos), ha sido uno de los mas bravos de la historia…, su cabeza se puede contemplar en el Club Taurino de Pamplona. Existen motivos suficientes para no confiarse y tomar precauciones.


 


            Pero es que además en este tipo de festejos la balanza está desequilibrada a favor del animal: las vacas no mueren, los mozos se juegan la vida. Las vacas poseen dos pitones como navajas afiladas, mientras que los mozos solo cuentan con su agilidad y su inteligencia. Las vacas intuyen que, después de un  rato malo, vuelven a los corrales con sus compañeras. Algunos mozos, lamentablemente, no vuelven a casa con los suyos. Rara es la vez en que las vacas pierden la vida en el empeño.


 


            Este espectáculo está así estructurado y el hombre toma la decisión voluntaria de correr delante de las vacas. Las vacas no tienen la voluntad de elegir, tienen la capacidad de atacar.


 


            No hay que caer en el error de demonizar a las vacas y menos a los ganaderos que, como se ha dicho, tienen la obligación de criar animales cada vez más bravos. Entre ellos existe una gran competencia y saben que volverán a ser contratados si han hecho un buen papel. El público les exige cada vez más. Además, no están para bromas: sus cuentas de explotación están rozando los números rojos.


 


            Aún queda verano por delante. A este tipo de ganado nunca hay que perderle la cara y siempre hay que medir nuestras posibilidades. Hay que saber, por ejemplo, que no tienen el mismo peligro tres o cuatros vacas en una calle abierta que una vaca sola en una plaza cerrada. Más vale que actualmente las instalaciones son cada vez más seguras, los servicios médicos están siempre presentes y la Policía Foral cumple su cometido con mucho celo. Aún con todo, hay que extremar las precauciones. Nunca debe haber exceso de confianza. Hay que evitar más muertes, como sea.


 


Antonio Purroy Unanua

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